miércoles, 9 de febrero de 2011

Abarrotamiento, vulnerabilidad y riesgo ambiental



A América Latina se le adjudica un crecimiento poblacional en los últimos cuarenta años de alrededor del 51% con una presión sostenida sobre los espacios urbanos que, a pesar de ser los más reducidos del planeta, son responsables del mayor consumo de recursos naturales, por ejemplo, consumen el 60% del agua extraída para el uso humano y el 75% de la energía.

En 2053, la ONU estima que gracias a avances sanitarios, investigaciones sobre enfermedades y el desarrollo económico, el mundo contará con 9 mil millones de personas a bordo. ¿Estamos preparados para este abarrotamiento? Hay países donde ya la gobernanza es difícil y por la alta tasa de crecimiento poblacional, el aumento de la población juvenil será notorio requiriendo la satisfacción de sus necesidades básicas crecientes, libertades y esperanzas por lo que al no alcanzarlas pudiera surgir violencia, anarquía y perturbaciones sociales. La ineficiencia del sistema socio ambiental trae violencia. El abarrotamiento crea una gran demanda de territorio, recursos naturales, energía y agua, convirtiendo a los consumidores en emisores de gases invernadero y en competidores por adquirir esos recursos.

Un mil millones de personas -cerca del 18% de la población mundial- viven en barrios pobres de manera improvisada construidos en laderas y áreas propensas a sufrir derrumbes, desprendimientos y deslaves, a orillas de ríos propensos a sufrir inundaciones, y sus casas están hechas con precariedad de materiales inapropiados como planchas de zinc, cartón, trozos de madera y mezcla absolutamente vulnerable a los efectos del cambio climático.

Vulnerabilidad, riesgo y resiliencia
La alta densidad poblacional sumada a la pobreza, la inaccesibilidad, la ausencia de servicios públicos y de infraestructura construye condiciones de vulnerabilidad y riesgo ambiental. Ante esta realidad se impone un desarrollo sustentable y algunos, como paso intermedio, proponen algo más ante las condiciones socio ambientales que estiman no se pueden cambiar, definen un nuevo paradigma que contempla la capacidad de resiliencia o la capacidad de los sistemas humanos y ecosistemas de enfrentar y modificarse ante los cambios y las crisis saliendo fortalecidos de ellas,  hablan entonces del desarrollo resiliente. En este concepto la idea de modificación o transformación hace que esta condición no constituya solamente la mejoría de los recursos de afrontamiento de las situaciones adversas convirtiéndose en una evolución de la vulnerabilidad, es decir, la posibilidad de que lo traumático active potenciales subjetivos transformadores que implican respuestas novedosas.
Han surgido así las llamadas ciudades productivas donde cada vez más personas cultivan sus propios alimentos, bien a través de micro huertos o en terrenos comunitarios, con el fin de disminuir la pobreza extrema, mejorando su salud y seguridad alimentaria conjuntamente con mejoras en la generación de puestos de trabajo agrícolas disminuyendo así su vulnerabilidad.
En Chicago y Milwaukee, USA, la organización Growing Power enseña a las comunidades a crear sus huertos, coordina micro mercados para que los agricultores puedan vender sus productos y promueve la creación de granjas urbanas donde se cultivan productos para cubrir los insumos de los comedores populares.
En Barcelona, España, el ayuntamiento promueve la creación de huertos urbanos cediendo espacios para el cultivo de una variedad de productos en plena ciudad.

Ciudades y sus retos ambientales
Hay ciudades en el mundo que se están agrupando para abordar esta clase de problemas, están formando redes para resolver juntos la reducción del uso de energía eléctrica, emisión de gases con efecto invernadero, adquisición de tecnologías limpias y sostenibles, es decir, están programando y trabajando su transición hacia la sustentabilidad y las economías verdes.

La mitad de la población mundial vive actualmente en zonas urbanas y su proporción sigue en franco aumento; el hacinamiento, pobreza, contaminación, problemas de salud, segregación socio espacial, seguridad y deterioro de servicios campean cuando crece la población y se inserta en el territorio sin planificación ni modelos socio ambientales sostenibles.

jueves, 3 de febrero de 2011

Realizan foro de Economía ‘verde’ y ‘Ecociudades’

Tomado de: Prensa.com

     Alrededor del 50% de la población mundial se concentra en las ciudades; estas consumen 70% de la energía del mundo y son una importante fuente de emisiones de CO2 (dióxido de carbono), señaló Elisa Tonda, representante del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente en el foro “Economía verde y Ecociudades”, realizado ayer en la Ciudad del Saber.

     Por eso, dijo, “vale la pena pensar en transformar las ciudades para que nos permitan caminar hacia una economía verde”, que aporta beneficios económicos, ambientales y sociales. Por ejemplo, “se prevé que el número de empleos en el sector de energía renovable pase de los 2.3 millones actuales a 20 millones en el 2030”.

     Rob Hermans, CEO de Roha Ventures, de Maastricht (Holanda), expuso ejemplos de ciudades verdes en Europa y China, y destacó que en Panamá, los actores involucrados deben ponerse de acuerdo para lograr iniciativas de este tipo. Además de financiamiento, para construir ciudades ecológicas, debe existir una gobernanza verde, se deben crear alianzas público-privadas y diseñar un plan de acción.

martes, 25 de enero de 2011

Haz de tu casa un jardín

La mayoría de nosotros no disponemos en nuestros domicilios habituales de espacios adecuados para el cultivo agrícola o para montar un pequeño jardín, pero si que tenemos balcones, terrazas o terrados que podremos utilizar para ubicar adecuadamente esas plantas que tanto nos gustan.

Ocupar estos espacios, que en muchas ocasiones están infrautilizados o funcionan como trasteros, con plantas, no solo embellecerá y alegrará nuestro entorno más inmediato, sino que también servirá para mejorar la calidad del aire y combatir el cambio climático o incluso para proveernos en algunos casos de alimentos si nos decidimos por cultivar especies agrícolas.
En primer lugar, para llenar nuestras terrazas y balcones, siempre deberemos de optar por especies autóctonas, bien adaptadas a las condiciones climáticas del lugar donde vivamos,
En caso de optar por especies no autóctonas, éstas deberán ser de carácter no invasor, es decir, que no escapen fácilmente de cultivo y puedan pasar al medio natural produciendo problemas ecológicos que pueden llegar a ser muy graves.
 
En caso de pretender construir un pequeño huerto urbano, nuestra selección de especies se decantará por diversas hortalizas.
Estos cultivos los podemos alternar con ejemplares de especies aromáticas, que darán diversidad al jardín, lo aromatizarán y además ayudarán a evitar que entren plagas de insectos no deseados.
El cultivo lo deberemos de realizar en lugares que reciban el agua de lluvia, para así evitar riegos y ahorrar un poco de agua. Emplearemos macetas y contenedores adecuados a las especies que queramos cultivar. Existen de muchos tipos, materiales, formas y tamaños, pero podremos optar por los más económicos e incluso fabricarlos nosotros mismos a partir de garrafas cortadas a las que haremos algunos orificios en la parte inferior para permitir un buen drenaje y evitar encharcamientos dentro del contenedor, que posiblemente ahoguen las raíces y maten la planta. Es recomendable disponer de contenedores grandes cuando pretendamos cultivar especies con las que aprovechar los tubérculos y las raíces tales como patatas, boniatos, zanahorias, etc.
Las ubicaremos en los lugares donde corra aire, aunque en invierno, en los momentos de más frío, para protegerlas las podamos transportar a puntos más resguardados; donde tengan sol a lo largo del día, aunque evitando, en la medida de lo posible,
Tener nuestro pequeño jardín no solo es bueno para el medio ambiente, también nos distraerá y alegrará nuestro entorno.

Nuestro Planeta se encuentra al Límite; Pero aún podemos Salvarlo


"La Tierra no se encuentra en estado terminal, pero sí bastante enferma", señala Mario Rodríguez, director de campañas de Greenpeace España.

"Estamos en un periodo de gran capacidad destructiva, pero también con mayores soluciones. Todos los informes dicen que estamos al límite y es el momento de tomar medidas y pasar a la acción. La gente está concienciada y aún hay tiempo".

Radiografía del planeta

Cambio climático: Frenar el calentamiento global cuesta poco, según la ONU, pero aun así el planeta está patas arriba. Conseguir que la temperatura media no se eleve más de dos grados tendría un coste del 0,6% del PIB mundial previsto para 2030. Mientras tanto, todo indica que las olas de calor serán más frecuentes, las inundaciones provocadas por el deshielo dejarán unos 200 millones de refugiados y se extinguirán numerosas especies.

Agua: La escasez provoca la muerte de unos dos millones de niños al año, según datos del PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo). La mala gestión hace que 1.100 millones de habitantes carezcan de este bien.

Superficie forestal: En el mundo se redujo a 7,3 millones de hectáreas la pérdida anual neta de superficie forestal, según la FAO. Entre 1990 y 2005, la pérdida de bosques fue del 3% y se calcula que para 2020 135 millones de personas (60 millones en el África subsahariana) tendrán que abandonar sus tierras por la desertización.
Controlar el consumo en casa
Reino Unido facilitará dispositivos gratuitos en todos los hogares para que éstos puedan saber cuánta electricidad se consume en cada momento. Con esta medida, que anunciarán en su próximo Libro Blanco de la Energía, espera, entre otras cosas, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

El Gobierno británico, como han hecho otros países europeos, se ha comprometido a recortar en un 60% las emisiones de dióxido de carbono antes del año 2050. Los aparatos comenzarán a repartirse el próximo año.
Manual del buen terrícola para mejorar el planeta
El investigador del Centro de Ciencias Medioambientales del CSIC Fernando Valladares nos ofrece 20 consejos para cuidar el planeta:

1.- Transporte. Reducir el individual y promocionar los medios colectivos.

2.- Energía doméstica. Disminuir su gasto con electrodomésticos de etiqueta energética o apagando los aparatos completamente (y no en modo standby).

3.- Residuos. Favorecer la separación de basuras y el reciclaje.

4.- Materiales. Reutilizarlos siempre que se pueda (papel, juguetes, herramientas, muebles...) y evitar usar bolsas, cajas y embalajes.

5.- Agua. Reducir su consumo colocando, por ejemplo, botellas en las cisternas.

6.- Riego. Minimizar el riego de jardines y promocionar el sistema por goteo.

7.- Urbanizar. Sólo donde se sepa que habrá agua suficiente a largo plazo. En muchas ocasiones se otorgan licencias donde no hay agua.

8.- Naturaleza. Respetar los espacios protegidos y minimizar el impacto en zonas naturales.

9.- Casas. Construirlas con buenos materiales aislantes térmicos para que la inversión en calefacción y el aire acondicionado sea menor.

10.- Rendijas. Mejorar los aislantes en ventanas y puertas porque entre un 5% y un 10% del calor del hogar se escapa por ellas.

11.- Paneles solares fotovoltaicos conectados a la red eléctrica.

12.- Energías alternativas. Darles más valor y estar dispuestos a financiarlas. Si todos las apoyamos, serán rentables, aunque sean más caras.

13.- Impuestos. Permitir que se asignen para la conservación de recursos.

14.- Suelo. Minimizar los cambios de uso del suelo y, en general, del suelo artificial.

15.- Impacto. Dar más importancia a los análisis de impacto ambiental y considerar otras alternativas costosas, pero ambientalmente favorables.

16.- Especies. No trasladarlas fuera de su lugar de origen.

17.- Invasores. No soltar animales domésticos y mascotas. Pueden ser especies invasoras.

18.- Productos químicos. Minimizar el uso de compuestos químicos como antibióticos, fertilizantes... y aerosoles.

19.- Educar a los niños en el valor de los bienes que nos ofrecen los ecosistemas.

20.- Gobiernos. Exigir la gestión sostenible a largo plazo de los recursos naturales.